Dos ruedas, horizonte infinito.

Hay rutas que no se miden en kilómetros, sino en sensaciones. Bajo un cielo limpio y con la Rebel rugiendo suave entre montañas áridas y carreteras olvidadas, recordé por qué sigo persiguiendo horizontes. El viento golpeando el casco, el silencio del paisaje y esa libertad difícil de explicar convierten cada parada en un pequeño tesoro. Hoy no hubo prisa, solo carretera… y alma de pirata.

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