Palacio Episcopal. El Balcón del Obispo

Tenía ganas hace tiempo de hacer un par de fotografías a esta parte del Palacio Episcopal.

El llamado Martillo (Mirador del Obispo), pensado como mirador al río y sus antiguos jardines y como cierre arquitectónico del paseo del Arenal. Fué construido en el siglo XVIII.

Estas palmeras metálicas fueron instaladas hace años sustituyendo a otras naturales que estaban allí colocadas desde mi niñez. Cierto es que no les atacará el picudo rojo pero, a mi modesto parecer, no entonan con este histórico edificio.

Desde la segunda planta del Martillo se disfrutaba de una panorámica muy despejada, apacible y luminosa, una atalaya de privilegio: el Arenal, nombre que se daba a la Glorieta y a toda la orilla del río; el Darajarife, hoy Ayuntamiento; el Puente Viejo, el promontorio donde los romanos establecieron un primer destacamento, «aquel Malecón entre los huertos» (Jorge Guillén), las barcas, los molinos, las almunias, los barbos y el agua viva que levantaba remolinos de espuma en los azudes.

Siendo niño me encantaba pasar corriendo bajos estos arcos para llegar a la Glorieta y dar de comer a las palomas.

Sé que existe algún que otro comentario popular sobre otros usos del Martillo, pero como los desconozco no los plasmaré en este blog. Eso si, si alguien los conoce agradecería que nos ilustrase.

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